SUEÑOS EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

El sueño de la Guerra


Estoy en el Norte de España, en un andén sin techar, son las vias del tren, una parada en la afueras de la ciudad.
Los trenes que pasan son de cercanías, vagones de color verde y marfil, muy usados, las vias tienen grasa densa, de esa que se forma a base de muchas pasadas, humedad y polvo. Una grasa como la de los ascensores, amasada por el tiempo.

Son trenes que hacen su recorrido a Madrid y vuelta, con el mismo conductor, y en el mismo día y paran por todos los sitios.

Yo estoy mirando como pasan desde la gravilla de abajo. Veo caras, gente.
Para un tren un momento - y se empieza a poner en marcha y veo que se ha subido mi hija.
"No puedo dejarla sola", me subo también al tren. El tren ya está en marcha, veo campos pasar. A través de las ventanas.

Es un tren de los años 60. No tan moderno como los de ahora. Las ventanas se pueden bajar, los cercos son de madera.

En los vagones hay muchos viajeros. Voy recorriendo los vagones hacia la cabecera del tren..

Voy buscando a mi hija Ángela. En cada vagón veo gente - y al mirarlos entiendo parte de sus vidas, de lo que son,

de lo que han sufrido, de las alegrías, los siento con cariño.
Pasan muchas cosas en los vagones, que no recuerdo. Me apeo lejos. hay revueltas en esta ciudad.

Es Montecasino, empedrada. Edificios de piedra, cuestas y callejuelas estrechas, la gente corre en todas las direcciones, se oyen bombardeos, se ven llamas y humo en distintos edificios.
Estamos en una guerra, quizás en la segunda guerra mundial, no estoy seguro. Estoy con mis tres hijos, veo que la cosa se está poniendo muy fea. hay unos intensos nubarrones que se mezclan con las densas nubes de humo negro de los incendios.
Les digo que me he quedado solo, mi padre a muerto heroicamente por salvarnos. Mi mujer Mari Carmen..? - espero encontrarla entre todo este gentío. Espero que no haya muerto también. Estamos junto a un coche, nuestro coche pinchado, ya no anda, dentro hay unas cajas de cartón, con unas ramas secas, peladas, brillantes, que no pesan nada - son como el mimbre, pero con forma de astas de ciervo. Es lo único que tenemos ya, lo hemos perdido todo.
Empiezo a construir un mureta de ladrillos huecos y cemento y los huecos los lleno con las cajas con las astas.

Y sigo con el murete. "Esto será una reserva para la guerra. Nos lo comeremos cuando lo necesitemos."
Les digo: "fijaros bien en esto y dónde está. Si me matan a mi, os quedará esto y con esto podreis sobrevivir."

Siento una profunda necesidad de protegerlos, de darles todo.

Tengo un cuchillo, cojo uno de los cuernos, que ahora es de cuerno y lo astillo con el cuchillo y saco unas laminas de cuerno.

"Una para cada uno" Es una lámina fina de concha, como una navaja de mar blanca, con vetas ocres y grises.

Está muy afilada por un lado y dentada con dientes muy pequeñitos por el otro.

"Os doy esto para que os podais defender y también os servirá para poder peinaros por el lado dentado. No tengo más cosas que daros. Ahora me tengo que poner en marcha hacia Montecasino para buscar a la mamá."
A lo lejos se divisa una colina y en su cumbre está un gran bunker, es el polvorín. Está siendo bombardeado con insistencia.

Pasan aviones descargando bombas. Es un edificio enorme de hormigón armado con unos muros gordísimos y tiene un tejado de hormigón armado, todavía mas gordo. Es un escudo de protección. Las bombas caen sobre el tejado explotando sin mellar su superficie y resbalan hacia afuera. De momento aguanta. "Solo puede llegar a explotar si cae una chispa a su interior explotando asi el polvorín todo de una vez"  Es muy peligroso acercarse. Todo el mundo huye ante el inminente peligro de explosión.
Estará Mari Carmen allí? Sago corriendo con Ángela de la mano por los caminos empedrados de la ciudadela.
Qué desastre. Qué dolor. Todo el mundo huye corre. "quisiera encontrar a la mamá, Ángela. Ya no tenemos nada.
Quiero a Ángela como nunca antes. Siento amor - Es mi hija. Abajo a lo lejos hay una persona que no huye. Es Mari Carmen.

Qué valiente es. La quiero profundamente. Voy corriendo hacia ella. Ella está con los pies en la tierra, recia, fuerte.

Bajos los brazos tiene a Jan y a Sven, bebés  Y ahora está esperando mi carrera hacia ella. Nos abrazamos, los niños están dentro del abrazo. Estoy llorando de amor. Los quiero. Están a salvo. La guerra sigue. Los soldados americanos están evacuando la isla. Ellos se van. Va a estallar de un momento a otro El Gran Polvorín. Corremos desesperadamente hacia el último avión lleno de soldados, ya dispuesto a despegar. Yo soy uno de los soldados y nos veo corriendo hacia el avión por una de las ventanillas.

No hay sitio para todos. Los soldados cogen a los niños. No hay sitio para los adúltos. Sino no cabrían todos los soldados.

Pero la madre, la madre tiene que subir, qué harían sin madre..

Yo pienso que el padre debería subir, pero se cierra la puerta y el avión despega.
Se ve al papá abajo en la playa. El mar gris frío las olas blancas. Tormenta. Se ve el muro a un lado. El polvorín está envuelto en llamas. No cesan los bombardeos. Es muy triste verle allí abajo solo. Lo que debe estar sintiendo al ver el avión alejarse con sus hijos con su mujer. Y los soldados. Los que han hecho la guerra se van dejando todo en llamas. Yo soy el padre, me pongo a caminar hacia las colinas, ya sin prisas. Las llamas siguen ardiendo, pero ya sin fuerza. ha pasado el huracán de la guerra. Ahora que no hay soldados, ya no hay combates. las llamas se irán apagando. Pero queda el hambre, la desolación, la pobreza.
A medida que voy andando se van juntando al camino algunos supervivientes, que salen de las malezas, de los caminos, somos pocos, cansados. Ya no huimos deprisa, caminamos. Estoy en un coche, en mi viejo coche destartalado. Está mi tía Ursel, gente que hemos recogido por el camino. Mis hijos , mi mujer. Vamos hacia las colinas.
Hay barrizales, que ha dejado la tormenta. A un lado de la carretera. Hay un puesto con una vieja. Es una casetilla de tablas, destartalada apenas se tiene en pie. Está pintada de verde descolorido y viejo. Tiene un cartel donde pone que tienen polos.

Los niños: Papá Papá compramos los polos.

Señora, nos podría vender dos polos para mis hijos. No tengo nada para ofrecerle. la guerra ha invalidado todos los bienes.

Ahora la comida es lo más valioso. Miro en la guantera, quedan 4000 o 5000 Pesetas en billetes.
La señora dice: "eso es papel eso ahora no vale, no tiene ningún valor ¿no tienes otra cosa?",
"Tengo un peine de concha de navaja."
"Esto es mejor, pero con esto no puedes comprar los helados"
Busco, me quedan dos o tres objetos sin valor ya.. "Señora, te doy todo lo que tengo, a cambio de los dos helados para mis hijos. Están hambrientos. Es su ilusión, despues de todo lo que han sufrido en esta guerra"  

Ella dice los helados no los puedes comprar. No tienes nada de valor a cambio. Estoy desconsolado.
La señora dice: pero venid conmigo. En mi casa tengo comida de verdad en abundancia para todos vosotros y por ella no cobro nada"
Miramos a nuestra izquierda y vemos una gran casona con una chimenea cálida, un hogar.

Sven, , 20-04-2020

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